No tiene, pues, escape la condición radical de la vida [la vida como preocupación] y lo mejor es aceptarla alegremente, reconocer que con ella nos es dado el tema para una creación. ¡Da pena pensar cuánta existencia podría ser bella, plena, grácil, con sólo el golpe de pulgar que representa este imperativo de preocuparse, de ver la vida propia como una posible obra de arte! Ni importa la situación favorable o adversa, porque la belleza de la vida no está en su argumento sino en la gracia y fervor que la informe.
[...] nuestra vida se compone de dos ingredientes que luchan entre sí: es en primer lugar el futuro que en una u otra medida se nos presenta siempre abierto a nuestra libertad, y como dependiendo de nuestra elección. Esta elección emana de deseos, de afanes o ideales que en nosotros exista. En segundo lugar, el presente donde hemos de realizar ese futuro. El presente es nuestra fatalidad, nos rodea y envuelve con su resistente estructura y limita a toda hora el horizonte de nuestras ilusiones.
De aquí que no debamos valorar a nuestros prójimos por lo que hacen. En el mejor caso, cada cual hace lo que puede, lo que el destino le tolera. Nuestra estima o desestima de cada hombre de cada mujer debe fijarse no en lo que hace sino en lo que aspira, no en el logro sino en el deseo. Nuestra verdadera y profunda personalidad está constituida por los afanes, empeños, anhelos y deseos Estos son los resortes vitales que mantienen tensa y dan figura a nuestra alma. El verdadero ser de cada cual está en el perfil de sus deseos. Valemos según lo que deseamos. La calidad de nuestras aspiraciones fija el rango de nuestra alma porque son la pura y espontánea emanación que de nuestra intimidad se levanta como los vahos de las aguas inmóviles.
Meditaciónes de nuestro tiempo,Ortega y Gasset
Despiertos. Video nº5
Hace 1 día
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